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Alimentación durante la lactancia

Mantener una alimentación saludable en cualquier etapa de nuestra vida es fundamental, pero durante la lactancia materna, esta adquiere un carácter aún más importante. Al igual que sucedía en el embarazo, durante la lactancia, el estado nutricional de la madre condiciona la situación nutricional del bebé, ya que hay una relación directa entre este y la composición de la leche materna. 

Ya no solo está en juego la salud de la madre sino también el bienestar y desarrollo de nuestro bebé. Es por ello que es totalmente válido preguntarnos si es necesario llevar una alimentación especial durante este período y qué aspectos debemos tener en cuenta.

Necesidades energéticas de la madre: ¿necesito comer más?

Antes que nada es importante tener claro que mientras amamantamos, los requerimientos nutricionales maternos están aumentados. Sin embargo, lo ideal es que ese incremento energético que tenemos que considerar en esta fase, esté adaptado en función de las reservas de grasa y de la actividad física de la madre. Y por supuesto, es vital no tener en cuenta solo el número de calorías que ingerimos, sino la calidad de las mismas.

Todo va a depender del peso y la composición corporal de la madre tras el embarazo. Por lo que hagamos un repaso a las subidas de peso estándar que se estiman tener en cada etapa y según cada situación:

Incremento aproximado de peso durante el embarazo por trimestres (dependerá siempre del peso de la madre antes de quedarse embarazada):

Incremento aproximado de peso durante el embarazo según el IMC (se calcula en base al peso de la madre antes de quedarse embarazada):

Teniendo en cuenta estos patrones “normales” de incremento de peso durante el embarazo, tras dar a luz, en los próximos 6 meses, llevando una dieta equilibrada y sin excedente calórico significativo, el organismo de la madre suele recuperar su composición corporal normal al utilizar estas reservas cada día, necesitando durante el período de lactancia solo un excedente energético de 500 kcal/día para cubrir las demandas energéticas. 

Entonces si necesito ingerir 500 calorías extras al día ¿significa que puedo comer todo lo que quiero hasta llegar a esta cifra?, la respuesta claramente es ¡no!. Este incremento calórico debe provenir de una alimentación sana, variada y equilibrada, en la que estén presentes tanto macronutrientes: proteínas, carbohidratos y grasas saludables, como micronutrientes: vitaminas y minerales. 

Mientras amamantamos, debemos evitar las dietas hipocalóricas orientadas a la pérdida de peso, ya que puede llevarnos a deficiencias nutricionales. En líneas generales, es importante que durante esta fase, la dieta nunca sea inferior a las 1.800 calorías diarias. 

La lactancia es un período único en la vida de una mujer en el cual la grasa acumulada en las caderas se moviliza con facilidad. Por lo tanto, favorece la recuperación del peso previo y puede representar un buen momento para que, con un poco de ejercicio, podamos reducir centímetros en esta zona tan complicada.

Si queremos ahondar un poco más en el gasto energético de acuerdo a la secreción de leche materna, en esta tabla podemos ver ese balance durante 24 meses de lactancia:

Tabla gasto calórico lactancia come sano

*Tomado de necesidades de energía y de proteína. Informe de Reunión Consultiva Conjunta FAO / OMS / ONU (1985).

¿Cómo debe ser mi dieta durante la lactancia?

En principio si no existen patologías, basta con mantener una alimentación y estilo de vida saludable, teniendo en cuenta el excedente calórico que hemos comentado. Esto, de forma fácil y sin ánimos de pesar la comida y contar hasta la última caloría, se traduce en aumentar solo un poco las raciones de nuestro plato, enmarcado siempre en una dieta equilibrada y evitando cualquier tipo de excesos.

Se deben incluir todos los grupos de alimentos para asegurar el aporte de nutrientes necesarios tanto para el bebé como para la madre:  legumbres, cereales enteros (avena, quinoa, trigo integra, arroz integral, etc.), frutas, hortalizas, verduras, proteínas (carnes, pollo, pescado, huevos, mariscos, etc.) y lácteos. Por su parte, limitar el consumo de grasas saturadas y azúcares simples. En algunos casos, el especialista puede recetar suplementos nutricionales para cubrir las deficiencias nutricionales.

Por otro lado, no hay que olvidar que el 85%-90% de la leche materna es agua, por lo que es necesario beber entre 2-3 litros al día para asegurar la producción láctea, aunque hay que tener en cuenta que el consumo de agua varía de acuerdo a diferentes factores como por ejemplo, la temperatura ambiental y la actividad física de la madre. 

Alimentos a potenciar en la lactancia materna

Como hemos venido comentando, durante la lactancia materna es importante seguir una dieta saludable y equilibrada. Si bien es cierto que debemos llevar una dieta variada, hay algunos nutrientes en los que debemos prestar más atención en esta etapa de nuestra vida como lo son las grasas, el yodo, la vitamina D, el calcio y el ácido fólico.

¿Qué alimentos debo evitar durante la lactancia?

Estudios científicos han revelado que los alimentos ingeridos por la madre pueden modificar el sabor y olor de la leche materna. Sin embargo, esto no presenta problemas para el bebé, de hecho le ayuda a acostumbrarse a nuevos sabores. 

Algunos alimentos como el ajo, la cebolla, espárragos o alimentos picantes pueden alterar el sabor de la leche. De todos modos, si el bebé los tolera bien no hay porqué eliminarlos. Si se observan reacciones adversas (vómitos, diarreas, erupciones, malestar o rechazo de la leche), hay que evitar ese alimento en particular. 

Podemos destacar los principales enemigos de la lactancia que se deben evitar:

Por otro lado, también se recomienda:

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